NACIONALISMO MACABRO

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En estos últimos años de la vida política el conjunto de los españoles no catalanes ha ido conociendo de la existencia de un periódico catalán llamado AVUI (que significa "hoy"), y del que han surgido polémicas tales como la del escritor Iu Forn al referirse a las madres de los militares "golpistas", o la del siempre controvertido y excéntrico Salvador Sostres, cuya opinión era que "el español es un idioma de pobres". Ayer, este mismo diario tocaba fondo moral al permitir la publicación de una viñeta en la que se suponía que aparecían miembros de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) alegrándose por el último macabro atentado de ETA.

Hace unos años, cuando decidí, desde la distancia, perfeccionar mi catalán, descubrí un periódico escrito exclusivamente en lengua catalana que vendían en Madrid. Lo empecé a comprar más o menos asiduamente, y a leer casi por completo. Además, mi por entonces simpatía (gracias a Dios superada) por las ideas nacionalistas y mi siempre admiración por la cultura catalana hicieron de mí un lector más de este diario. Incluso lo leía por internet cuando no me lo podía comprar. En definitiva, si hablo de este diario no es ni mucho menos con prejuicios, ni tampoco hablo desde el desconocimiento. Antes bien, conozco muy bien los pies de los que "cojea".

Para los que lo conozcan, habrán advertido de una evolución en la línea editorial que, a mi juicio, es paralela a la propia evolución del nacionalismo catalán. Un nacionalismo que, aunque nacido (o aprovechado) de las cenizas del catalanismo primigenio de Torras i Bages o de Cinto Verdaguer, ha ido paulatinamente empapándose de una ideología nacionalista revolucionaria que impide observar la realidad sin prescindir de un prisma "nacionalitario". Al cabo del tiempo me he ido dando cuenta de esta característica del nacionalismo, que ha pervertido incluso la esencia del catalanismo. Porque, como ya dije un día, me niego a confundir el catalanismo con el nacionalismo, por mucho que éste se lo haya apropiado como exclusivo. El catalanismo es una virtud que ha de tener todo catalán de amor hacia lo suyo, sus costumbres, su lengua y su cultura, como reflejo del amor a la Patria que todo el mundo hemos de tener, y que en la historia siempre ha estado inseparablemente unido al amor a la Patria española. Y nada tiene que ver con un nacionalismo excluyente, que busca construir una "nación" catalana a golpe de leyes para adecuar la realidad de la sociedad a la idea preconcebida de una "nación" en la que a nivel oficial sólo exista una lengua (el catalán), una identidad monolítica (la nacionalista) y una sola soberanía (la del pueblo catalán). Como cualquier lector avezado podrá comprender, se encuentra en la antítesis del proceso natural que siguen todas las sociedades del mundo, en cuanto que se tiende a una mayor interrelación, los espacios de soberanía tienden a ser compartidos, las "identidades" se moldean sin tener que perder lo que les hace únicas y en Europa (pero no sólo aquí), nuestros países andan en la construcción de una mayor integración supranacional que quién sabe si algún día llevará a que podamos hablar de la Patria europea.

He de decir que no siempre en Cataluña, según lo veo yo, esto ha sido así. A menudo, debido a la robusta salud de la que siempre ha gozado la cultura catalana, las políticas nacionalistas venían mezcladas con buena dosis de catalanismo en el sentido que antes he apuntado. Así, en el propio Jordi Pujol, nacionalista convencido, el nacionalismo todavía no lo inundaba todo. Por eso fue capaz de hablar de España como un "gran país", de decir que "los catalanes también somos españoles, pero a nuestra manera" o su entusiasmo por la integración europea. En todo esto todavía se diferenciaba la vida política catalana de, por ejemplo, la vasca.

Pero de un tiempo a esta parte, de ese catalanismo que antaño amaba profundamente a España poco está quedando. Y por el contrario, aparece un nacionalismo que todo lo envuelve y que, como en el País Vasco llevó a contemporizar con el terrorismo por compartir objetivos, así en Cataluña, la "construcción nacional" empieza a hacer estragos. Ya ahogó, desde hace tiempo, a la Iglesia en Cataluña, ha vaciado las iglesias como en ninguna otra parte de España (bueno, sí, curiosamente como en el País Vasco), produjo abates metidos a políticos y obispos al servicio del nacionalismo.

Como ejemplo de ello, y para acabar, la editorial de hoy del periódico en cuestión, que, tras condenar el atentado (faltaría más), acaba por tachar prácticamente de "inmoral" la ley de partidos y el alejamiento de presos. ¿Es ahora el momento de estas reivindicaciones?. Porque, dejando a parte que discrepo profundamente de estas apreciaciones, el nacionalismo imperante en el periódico les incapacita para poder plantarse firmemente junto con los que apoyaron estas iniciativas y que, precisamente, son los que han sufrido en propia persona los embates del terrorismo.

Pd.: En la viñeta se dice lo siguiente:

Personaje 1. "Suerte de bomba en la T4"

Personaje 2. "Si, chico, ya temblaba sólo de pensar que llegaba la paz"

Personaje 3. "Es para celebrarlo con un cava... no catalán, claro"

04/01/2007 15:17 Autor: Jorge. Enlace permanente. Tema: Sociedad y Política.

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