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06/10/2006
CONSECUENCIAS PREVISIBLES DEL RELATIVISMO
Lo ha dicho mucha gente, pero especial relevancia tiene que sea alguien de tanta categoría intelectual como el Papa, ya desde su época de Cardenal, en diferentes libros, homilías, discursos, etc. La idea es que, una vez que se niega la existencia de una Verdad objetiva, basada en la pre-existencia de un Dios que Crea y que es origen de todas las demás cosas y como fundamento último de la moral, de todo ello sólo puede resultar el relativismo, que por su misma esencia no puede dar soporte a ningún tipo de "ética de mínimos", como algunos pretendieron crear al margen de Dios, ni por supuesto sirve de base argumental para oponerse a ninguna ofensa al Hombre, a la Sociedad ni a los más desfavorecidos. ¿Qué quiere decir todo esto? Pues que si negamos a Dios, si negamos que existe una sola verdad universal que la razón, junto a la fe, puede reconocer, se está abriendo la puerta a todos los desmanes, barbaridades, degradaciones y horrores que la mente humana pueda imaginar. Al final, todo dependerá del grado de aceptación social de determinados comportamientos. De este cambio tenemos muchos muestras. Por ejemplo, hace no muchos años, para ver mal la homosexualidad (su ejercicio, no su condición, tal y como el Catecismo de la Iglesia Católica recuerda) no hacía falta ser cristiano. Era de común aceptación que no era un comportamiento natural. Ahora, los muchos que pensaban una cosa, por aceptación social, piensan lo contrario. Así es la naturaleza humana, y hemos de admitirlo. Cuando no tenemos un fundamento sólido objetivo, al final todo queda al arbitrio de las modas o los usos sociales.
Por eso, los valores que dice defender la sociedad actual, como la tolerancia, la democracia o la libertad no pueden ser sostenidos desde el relativismo. Si todo es relativo, también lo es que debamos establecer un sistema de gobierno participativo. O que todo el mundo pueda opinar. Si nada superior objetivo lo impone, al final, el éxito de una u otra opción dependerá del número de adeptos que consiga. ¿Qué impide moralmente, si todo es relativo, que alguien se organice paramilitarmente e imponga una ideología al Estado?. Es más, ¿cómo sustentar el dogma actual de que todo el mundo puede hacer lo que quiera en conciencia, "mientas no haga daño a los demás"?. Si la verdad no existe o es relativa, ¿qué sustenta ese límite a la "libertad"?. En realidad, sin tener un concepto objetivo y no sujeto a las modas o corrientes de opinión de lo que es la persona, nunca se podrá argumentar convincentemente que ese límite a la libertad viene dado por su Dignidad inalienable. Y es que si la verdad es relativa, también lo es tal Dignidad y por tanto se puede cuestionar, como de hecho ha ocurrido en numerosas ocasiones de la Historia, dando pie a cualquier acción contra la Humanidad. Todo depende del grado de aceptación popular.
Como dice el Papa, un sistema que se olvida de Dios, acaba deviniendo totalitario, pues nada impide que una de esas tantas verdades "relativas" se erija en árbitro del mundo, si esa es "su verdad". El nacional-socialismo alemán se olvidó de Dios y se encerró en la pura razón, llevando finalmente al rechazo de lo que es la Persona con independencia de su raza, religión o ideología, ignorando que tiene valor por ella misma en tanto Persona, y que la Dignidad e indisponibilidad de sus derechos proviene de su ser al mismo tiempo creado e inteligente. Todo ello llevó al orgullo nacionalista y xenófobo que, por divinización de lo que es creado (la nación o la raza), empezó justificando ideológicamente la esterilización de quienes no eran "dignos" de la raza alemana, o la eutanasia de los que "no servían", para acabar con la exterminación de los judíos, como "enemigos" de la nación y raza alemanas. Todo ello no surgió espontáneamente, sino que es una sucesión lógica. A cada paso, la sociedad se va acostumbrando a lo que en un momento anterior era inasumible. Los que se llenan tanto la boca con el calificativo "fascista" o "nazi" hacia otros, deberían saber bien que ningún relativista está a salvo de llegar, seguro que no a los crímenes nazis, pero sí a otros grandes crímenes a los cuales se dará justificación antes o después. ¿O no estaremos ya entrando en esta dinámica?. La exterminación legal al año de cerca de 80.000 niños no nacidos en España, ¿no es una muestra lo que digo?, ¿no estarán cayendo los argumentos a favor del aborto en lo que hasta hace unos años para el sentido común era inconcebible?, ¿no encubrirá la defensa del aborto la idea de que para que una persona sea digna de existir ha de tener ciertas características físicas, y que sin alcanzarlas las Personas no merecen ser llamadas así? Lo dejo ahí, porque la sucesión lógica de la argumentación que parte de la defensa ideológica del aborto nos puede llevar a conclusiones que escandalizarían a más de uno.
Por el contrario, la apertura a la Verdad objetiva, al derecho natural, nos capacita para el diálogo sincero, la tolerancia de la Persona en tanto poseedora de Derechos indisponibles e inalienables fundados en su propia naturaleza. Hace días, el Papa llamaba al mundo occidental a que se abriera a la fe, y a la fe, que se deje moldear por lo razonable. Así, sí se puede construir una sociedad democrática que se encamine a su propio fin, al bien común, que es el pleno desarrollo de la Persona. Admitir que la fe y la razón, juntas, pueden llegar y progresar hacia un mayor conocimiento de la verdad es mayor garantía que negar toda posibilidad de verdad y proclamar, así, el relativismo.
Considero que es necesario poner de relieve que muchos de los principios y valores que hoy tanto defendemos y que hoy por hoy parecen inalterables puede que algún día lo dejen de ser. En los últimos meses han saltado varias noticias que apuntan a un futuro nuevo orden de valores, si la sociedad relativista se va acostumbrando a ellas de modo progresivo. Por ahora, parecen fuera de todo sentido común pero, como ya he dicho, hubo un día en que la homosexualidad, el aborto, la eutanasia, el divorcio o la inseminación artificial estaban también fuera de todo sentido común.
Las noticias eran estas:
1) "Diputados ingleses piden implantar embriones humanos en animales"
Un link: aquí
2) "Un partido político holandés defiende la pedofilia, la zoofilia y las drogas duras" (Junio de 2006)
Aquí dos links relacionados: aquí (castellano) y aquí (inglés)
3) "Científicos quieren crear híbrido de conejo y humano" (octubre de 2006)
Un link: aquí
10/10/2006
CATALANISMO Y NACIONALISMO: NO ES LO MISMO
Cataluña está inmersa en una trepidante campaña electoral de la cual saldrá el gobierno que comenzará el desarrollo, Tribunal Constitucional mediante, del recién aprobado Estatut. En principio, una cosa parece estar clara: el apellido del próximo President empezará por "M": el futuro Molt Honorable será Artur Mas o José Montilla.
Me gusta estar bien informado de la actualidad política y social catalana, por eso suelo echar un vistazo cuando puedo a programas de la Televisió de Catalunya internacional como Els matins (las mañanas), dirigido de forma magistral por el periodista Josep Cuní. Es el programa líder de audiencia de las mañanas de la televisión catalana, con un formato que considero de gran acierto, prestando mucha atención a los problemas y hechos sociales de la gente de la calle, con debate político, entrevistas y denuncias de los ciudadanos sobre alguna cuestión que les afecte, ya sea el forum filatélico, el precio de la vivienda o el coste de los peajes en el día a día de los conductores catalanes. Todo ello de una manera muy profesional y dinámica, a pesar del nacionalismo evidente que se respira, como en toda la TV3. De esta politización, dicho sea de paso, no se libra ninguna televisión pública en España. Tenemos algunos casos flagrantes, como Canal Nou o Telemadrid, por no hablar de la ETB vasca, que llega a límites poco imaginables en democracia. Las autonómicas andaluza, canaria y gallega las conozco poco, por lo que casi nada puedo decir. Pero, en general, la televisión pública de Cataluña suele dar voz a las voces que surgen discordantes, como en su día fue la aparición de Ciutadans de Catalunya. Aquellos días, personas como Arcadi Espada aparecían de forma diaria para hablar sobre lo que denunciaban del nacionalismo imperante en esa sociedad.
Pero bien, no era mi intención hacer un radiografía de dicha televisión, aunque no me he podido resistir a hacer un comentario introductorio, a pesar de que me reservo otras críticas para otro momento. El motivo de mi escrito de hoy, saliéndome de la temática que suele informar mi blog, es la entrevista que esta mañana se ha realizado al portavoz del Partit dels socialistes de Catalunya (PSC), Miquel Iceta. Y lo que me mueve a hacerle un comentario es una serie de afirmaciones que sirven de botón de muestra de lo que, sin ánimo de ofender, podemos definir como la "paranoia nacionalista", que va unida a una aversión a "lo español", que afecta a prácticamente toda la sociedad catalana, aunque en los políticos adquiere la categoría de incontestable. Es decir, se implanta como norma no escrita de quien aspire a ganar unas elecciones, incluso si ese candidato forma parte de un partido que, aunque de ámbito catalán, si está federado con el PSOE es porque (en teoría) comparte un proyecto común con el resto de los españoles.
Resulta que una de las últimas polémicas entre las dos formaciones mayoritarias, CiU y PSC, ya no es si la forma prioritaria de activar la economía es una rebaja de los impuestos o la implementación de una política de apoyo al tejido industrial y empresarial que lo dinamice. No. En los últimos días, lo que ambas formaciones se lanzan como arma arrojadiza es lo que denominan la "españolización" de la campaña. Según Miquel Iceta, es Convergència i Unió quien se "empeña" en "españolizar" la carrera electoral. Entre otras cosas, lo que tiene en vilo a los candidatos es si al final se realizarán un debate cara a cara entre Mas y Montilla en Cataluña o bien dos debates, uno en catalán, en una televisión catalana, y otro en castellano en una televisión "estatal".
Otra muestra de la paranoia que persigue todo lo que huela a español es la manera en cómo el portavoz del PSC se ha apresurado en utilizar al Partido Popular como la peste de la que no cabe ni la más mínima afinidad política. De hecho, tal es la aversión, que incluso lo utilizan para desacreditarse mutuamente. Según Miquel Iceta, "lo que quiere el PP es que gane CiU". Por tanto, en su mentalidad, es un nuevo motivo para que no se vote a Convergencia.
Y seguimos con el PP. Josep Cuní ha empezado a preguntarle sobre los contactos del PSOE con CiU, a raíz de una noticia aparecida en La Vanguardia según la cual el PSOE quiere evitar a toda costa que se reedite el tripartit haciendo coincidir esta voluntad socialista con los mismos deseos de los populares. Todo ello en conexión con unas declaraciones del presidente del gobierno de las Islas Baleares, Jaume Matas (PP), en que aseguraba que la mejor opción para Cataluña era que ganara Convergència i Unió. Tales conversaciones entre Zapatero y Mas, que ya hicieron prosperar los acuerdos sobre el Estatut al margen de Maragall y el PSC, han dado mucho que hablar. Total, que para explicar toda esta estrategia política, Iceta se saca de la manga la razón que no sólo justificaría estas operaciones del PSOE al margen del PSC sino que incluso la ennoblecería. La frase exacta ha sido la siguiente: "el PSOE busca una geometría variable (sic): se acerca a CiU para aislar al PP". ¡Ah, bueno!, ¡Acabáramos! Ahora sí cuadra todo. Si es para aislar al PP, entonces, que el PSOE y el PSC actúen en múltiples ocasiones como partidos totalmente separados estaría justificado.
Y así con numerosos detalles. España es "la fea" con la que nadie quiere bailar. Esto lleva a paranoias como la de centrar la campaña electoral en una batalla encaminada a hacer ver al electorado que es el adversario quien quiere "españolizar" lo que sea. La última muestra que hoy mencionaré es la reiterada mención a la "selección nacional" refiriéndose a la de Cataluña, con motivo del último partido-manifestación política que se "jugó" entre Euskadi y Cataluña, que se convirtió en una reivindicación conjunta por Maragall e Ibarretxe de las "selecciones nacionales" (sic).
Mi opinión, que hoy apenas esbozaré, es que el antiespañolismo es en definitiva anticatalanismo, al mismo tiempo que el anticatalanismo es antiespañol. Es más, pienso que todo este nacionalismo antiespañol que opone el catalanismo a España como Patria va en contra del propio catalanismo. Lejos queda este nacionalismo omnipresente de la defensa de la Tradición catalana (1892) y el catalanismo por parte del Bisbe de Vic Josep Torras i Bages que habló de España como "conjunto de pueblos unidos en la Providencia". Asimismo, otro de los personajes raptados por el nacionalismo, el Mossèn (sacerdote) Cinto Verdaguer, dedicaba a España su magnífica l´Atlàntida (1878) en la que escribía (Cant Primer.- Cant dels Pirineus) "a tu, que entre les ales del cor más acollida/ d´Espanya que tant amo vull donar-te la clau". Ni siquiera se recoge hoy, si no es pasado por el "filtro" nacionalista, el legado de políticos como Francesc Cambó, que aborrecieron del separatismo, implicándose de lleno en el progreso de España.
En medio, ideológicamente hablando, pero que precisamente por ello han servido de puente hasta la deriva del catalanismo en nacionalismo, están personalidades como Prat de la Riba o Jordi Pujol. Ambos rechazaron de lleno el separatismo, pero a mi modo de ver, han contribuido a él, si bien de diferente manera. Prat de la Riba defendió la "Espanya gran" (1916) como ámbito en el que el catalanismo debía desplegar sus aspiraciones, pero partiendo de la base de que la única "España real" se corresponde con una realidad meramente geográfica y aséptica. El primer conato real de nacionalismo es tributario de estas ideas, con la proclamación sucesiva en 1931 y 1934 de la "República Catalana" y del Estat Català por parte de Francesc Macià y Lluís Companys respectivamente, contraviniendo la legalidad vigente, lo que desembocaría en ambos casos en caos y desorden, aunque en la primera proclamación se acabara con unos acuerdos políticos que evitaron otros males. El balance para Cataluña no puede ser peor.
En cuanto a los "herederos" de Jordi Pujol, todavía está por ver, aunque desde luego, lejos de acercarnos a una mayor cohesión entre los diversos pueblos españoles, tal y como buscaba el catalanismo original, nos acercamos, si acaso, a una convivencia recelosa en la que España está desapareciendo como concepto dentro de Cataluña. Humildemente, creo que Pujol ha sido en muchos aspectos un político al que hay que escuchar con atención, pero algunas aportaciones suyas encubren más de lo que aparentan, a la luz de su actuación política. Así, Jordi Pujol es aquél que es capaz de hablar de España como un "gran país" (La Vanguardia, 9 de octubre de 2005), al tiempo que argumenta su defensa al Estatut porque "Rompe ideas y criterios tradicionales sobre lo que es España." Yo lo que pienso es que estas ideas tradicionales hace muchas décadas que se han roto en la conciencia de la mayoría de los españoles, y es el Estatuto una de sus plasmaciones jurídico-positivas. Defender Cataluña y considerar a España como un "gran país" no puede ser compatible con la ruptura de las ideas "tradicionales" sobre la misma porque sería como pretender presentarnos ante el mundo y la historia partiendo de cero, renunciando a los orígenes, lo que, dicho sea de paso, resulta absurdo con el discurso nacionalista, que tanto valor dice darle a su "identidad". A no ser que lo que subyazca dentro de esta concepción nacionalista sea una idea pro-revolucionaria en que desde una idea apriorística de "nación" se quiera moldear la realidad. Entonces, claro está, hay que romper con todo lo que se oponga a esta idea preconcebida, que nada tiene que ver con la identidad ni con la defensa de las raíces. Antes bien, es el redescubrimiento del catalanismo originario, el defensor de la cultura catalana, la lengua catalana, los fueros propios frente al centralismo y el amor profundo a España es la opción que creo más plausible, eficaz y excelente, no sólo para Cataluña, sino para toda España.



