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07/07/2006
Te esperamos Santo Padre. Ya vamos para Valencia.
Hoy es el día esperado desde hace un tiempo. Saldremos de Madrid sobre el medio día con destino a Valencia. No sé las horas de viaje, supongo que más de los normal. Bueno, supongo no, casi con total seguridad. Pero la espera no es en balde. Benedicto XVI nos viene a visitar, y hay que responder con entusiasmo y entrega. Al menos es esa la visión que yo tengo de esta visita.
Ya han pasado las campañas y los debates para dar paso a la fiesta de la Familia. Un Encuentro familiar marcado por la tragedia que hace unos días nos sacudía a todos, al saber la muerte de decenas de personas y otros tantos heridos en el accidente de metro más grave de la historia de España. También la primera visita de Juan Pablo II vino precedida por el sufrimiento, cuando más de 30 personas fallecieron por la inundación de la presa de Tous, también en tierras valencianas. No soy amigo de lecturas místicas de los acontecimientos, ni de sacar de las coincidencias de la vida conclusiones concretas y deterministas. Dios sabrá el porqué permite estas cosas, aunque de la lectura de un santo español leí una vez, y se me quedó grabado, que Jesús bendice siempre con la Cruz, porque es donde más a su lado podemos estar. Sea ésta la razón o no, lo que está claro es que las contrariedades para lo que nos han de servir es para acercarnos más a quien todo lo puede.
Durante estos días, Valencia se convierte en el centro de atención del debate sobre el pilar de la sociedad, que es la Familia. Y más concretamente, la transmisión de la fe en ese contexto. Es el quinto Encuentro que se celebra y al que Juan Pablo II se comprometió a apoyar con su presencia, testigo que recogió enseguida Benedicto XVI. Es un tipo de acontecimiento clave por la temática pero que seguramente de no contar con la presencia del Papa habría pasado muy desapercibido, en medio del húmedo calor veraniego de las tierras valencianas. Es gracias al apoyo decidido del Santo Padre, que la Familia, con su Encuentro Mundial, se ha visto en el centro de todas las miradas. Lo que más importa ahora son los frutos de todo tipo que se van a recoger, y esperemos que sean abundantes, por el bien de la sociedad y la humanidad entera y es por ello que el Papa en las semanas previas nos ha pedido que se rece mucho y se encomiende a la Virgen que el Espíritu Santo ilumine las conciencias de los participantes en el Encuentro, para que se convierta en el inicio de una “nueva primavera” para las familias.
Ya tengo ganas de salir, de ver mi tierra valenciana (aunque Madrid también lo es) de nuevo, pero muchísimo más que todo eso, de poder ver al Papa, un hombre del cual, una vez elegido, comencé a leer e informarme debidamente y ante lo cual no puedo más que admirar y maravillarme de su calidad y altura intelectual, al tiempo que humana. Una sencillez, humildad que contrasta con la grandeza de su pensamiento y contra quien se han vertido numerosas calumnias y falsedades desde el momento en que se mostró decidido a hacer teología al servicio de los demás, de Jesús y la Iglesia, y no al servicio de su propio pensamiento, entendiendo propio como ajeno a la luz de la verdad que es la fe. Al contrario, se trata de un hombre que nunca ha temido los desafíos intelectuales, no ha rehuido pregunta o cuestión alguna, y siempre considerándose un “cooperador de la verdad”, tal y como puso en su lema episcopal.
Bien, no se trata hoy de enrollarme, así que simplemente concluiré mostrando, una vez más, la alegría que supone para mí este fin de semana, la visita del Papa y la esperanza de que la Familia tenga en este Encuentro el inicio de una “nueva primavera” cargada de frutos y luz para el futuro. ¡Te esperamos Santo Padre!
29/07/2006
Menos votos a Gallardón
Hoy es el primer día desde que inicié las andanzas con el Blog en que voy a hablar de política en sentido estricto. Y es que se venía anunciando varios días lo que por fin se ha consumado. El alcalde de Madrid ha oficiado el acto por el cual dos personas homosexuales se han unido en una figura que, por más que lo digan las leyes, nunca podrá llamarse matrimonio.
Antes de proseguir, decir que cuando un católico habla de política ha de tener cuidado de no confundir lo que es su propio pensamiento con el de la Iglesia, y ha de tener claro, por tanto, qué entra dentro de la esfera de lo opinable y qué no. Un buen criterio e infalible es ir directamente al Catecismo. Lo que se enseña ahí entra dentro de lo no opinable, porque es la Verdad, que como tal ha de asumirse, como único camino de felicidad y libertad verdaderas. Lo que no se encuentre dicho ahí suele estar ya, eso sí, dentro de lo opinable, en el sentido de que no por pensar de un modo u otro uno se condena o se salva. Después están las directrices básicas que da la Iglesia, como buena Madre que es, en aspectos concretos, destacando la Doctrina Social de la Iglesia, como complemento a lo que el propio Catecismo enseña. Pero casi nunca la Iglesia concreta hasta lo inequívoco a la hora de optar por una opción política. Por eso, no seré yo quien diga que un católico se condena o salve por votar al PP, PSOE, IU, PNV, CiU, BNG, Partido Andalucista o a Esquerra Republicana de Catalunya, por poner unos ejemplos. Pensaré otra serie de cosas, incluso dentro de la categoría del “deber ser” como católicos, de esos votantes. Pero no desde la abrogación por mi parte de la catolicidad genuina, ni condenando o salvando a nadie.
Dicho esto, he de decir que lo que hoy ha hecho el señor Ruiz Gallardón, hijo de quien interpusiera en su día el recurso de inconstitucionalidad contra la ley que despenalizaba ciertos supuestos de aborto, es de grave trascendencia. Ya lo ha proclamado el Arzobispo de Madrid, y yo estoy de acuerdo con él. No entra dentro de lo opinable, en este caso, aceptar las uniones homosexuales. Sí entra dentro de lo opinable decidir si se ha de seguir votando a Gallardón. En mi caso, puedo decir que Gallardón ha perdido hoy un votante, y me consta que ya somos unos cuantos. Pasando al terreno de las confesiones, he de aclarar que no soy votante del PP, tampoco de otro partido en especial. Voté a Gallardón en las últimas elecciones a la alcaldía de Madrid, sabiendo que a pesar de muchas cosas moralmente reprobables, fue un magnífico gestor de la Comunidad de Madrid, y creí que iba a ser igual en la capital, como creo que así es. El incidente con la baronesa Thyssen me pareció de lo más barriobajero por parte de la prensa y la susodicha, y creo que, a pesar de las obras, va a dejar a Madrid infinitamente mejor. El tema de los parquímetros lo gestionó peor, pero creo que el fondo del asunto es positivo. Pero la moral está por encima de otras cosas, y con ésta ha llegado al límite de lo razonable. No cuente conmigo, señor Gallardón, para las próximas elecciones. Siguiendo con la confesión política, decir que he repartido mi voto entre el voto en blanco, Familia y Vida y esta única vez en que voté al PP (y creo que la última). Soy uno de tantos huérfanos políticos. No me gusta ningún partido de los que hay hoy, ni siquiera de los pequeños, ni a la izquierda ni a la derecha. Las razones para cada uno son variadas. ¡Y cuántas veces me han recomendado tal partido o tal otro! Pero no acabo de encontrarme a gusto votando algo en que no creo al menos en un porcentaje elevado. Y del voto útil, hoy en día es voto inútil. Visto lo visto, y creyendo que para mí lo que más ha de valorar un católico a la hora de votar es el grado de aceptación del programa elegido de la Doctrina Social de la Iglesia, no creo que exista dicho voto útil, al menos tal y como me lo presentan.
Bueno, al caso: lo que es indudable, desde el punto de vista de la moral católica, es que el matrimonio sólo pueden constituirlo el marido con la mujer. De hecho, es tan grande el protagonismo y la grandeza de la unión matrimonial, con la finalidad procreadora, el bien de los esposos y la educación de la prole, que en el Sacramento el Ministro no es el sacerdote, como en los demás Sacramentos, sino que lo son los contrayentes, asistidos por el representante de Cristo y administrador de la Gracia, que es el sacerdote.
Ya hemos hablado en otro momento de la importancia del matrimonio y la familia para la Sociedad, como su fundamento último y básico. Y del hecho de que atentar contra ella es especialmente grave por las consecuencias a largo plazo que provoca y el gran daño moral que supone para el bien común de la comunidad política y social, cercenando su misma base. Por eso, lo que hoy ha hecho el señor Gallardón al aceptar tácitamente estas uniones es participar de este atentado a la persona humana, contra lo que la Iglesia y los católicos tenemos el deber moral, como mandamiento de la Caridad, de hacer firme oposición a leyes inocuas que se oponen a la razón natural y dañan en lo más profundo al hombre. Por eso es especialmente grave lo de hoy, así como, por citarlo ya de pasada pero por poner en orden la Caridad y la Justicia, lo es también, el gran drama de las 80.000 muertes “legales” que se producen al año en España, con el cobarde eufemismo de “aborto” o más todavía “interrupción voluntaria del embarazo”. Pero hoy a lo que estamos.
Lo siento pero hoy pone punto y final mi opción por el “mal menor” que suponía Gallardón, aun admitiendo que sus maneras sosegadas y ecuánimes me van mucho más que los exabruptos de, por ejemplo, Acebes a quien por cierto nunca he dado mi voto en unas Generales. Pero aun no pudiendo tragar al segundo, en tema de moral me parece que le prefiero mil veces más que al primero. No me gusta la crispación y me agrada el debate respetuoso, sereno y profundo, en especial si es de los políticos, pero no el pisoteo de la moral y los principios. Eso debería estar por encima de cualquier cosa, y si Gallardón, que siempre se consideró católico se posiciona junto a los que la atacan aun creyendo que la “modernizan”, es que no merece, desde mi punto de vista, ningún tipo de apoyo. Más me vale una persona agnóstica que sea sincera en su búsqueda de la verdad y coherente con sus principios que aquellos que no se sabe si los tienen pero que además se sirven de los votos de quien sí los tienen para ganar unas elecciones, con el manido y falso argumento del “mal menor” o “voto útil”. Esos, los tibios, son los peores, según mi modesta opinión. Y ¡ojo! No confundir tibieza con moderación. Lo primero es abominable, lo segundo hasta en cierto modo exigible moralmente, sin que en ningún caso pueda significar una traición a los valores que Jesús nos transmitió por medio de su Santa Iglesia.
31/07/2006
LOS ROEDORES

Ya que últimamente le estoy dando variedad temática al blog, voy a aprovechar a presentar o recomendar a un grupo de música de los buenos de verdad. Son de Madrid, y en él toca un buen amigo mío, Jacobo, que es el bajista. También, aunque menos, conozco a quien le pone voz al grupo, Juanchi. El caso es que se trata de buena música, buen rollo donde los haya y letras llenas de contenido, de experiencias cotidianas y a la vez profundas.
El otro día estuve en el concierto de presentación de su disco, que tuvo lugar en el Chesterfield Café de Madrid, y la verdad es que para nada defraudó. Canciones propias, incluyendo la ya por muchos conocida "perdedor", junto con versiones de canciones del Canto del Loco y de otra variedad, como la ochentera "video killed the radio star". En definitiva, una buena noche de bailar, cantar y estar con buenos amigos escuchando buena música. En esto resumiría yo lo que significa este grupo. Además, como podréis ver, son gente comprometida con lo que realmente vale. Y si no, mirad su participación en la manifestación a favor de la familia en madrileña La Puerta del Sol.
Os dejo el enlace del blog de su grupo, para que a medida que lo vayan actualizando todos estemos al tanto de las interesantes novedades que se produzcan.



