Se muestran los artículos pertenecientes a Diciembre de 2006.
23/12/2006
¡¡FELIZ NAVIDAD!!

De un tiempo a esta parte se ha venido poniendo de moda felicitar la navidad con un laico y progresista "Felices Fiestas", desbancando el tradicional y original "Feliz Navidad". Mañana celebraremos la nochebuena, y no está demás recordar que lo que se celebra es el nacimiento (natividad) del Hijo de Dios, Jesucristo. No es ni el solsticio de invierno ni las semanas de la alegría y el jolgorio, por mucho que estos días estén llenos de tanta felicidad, al menos para buena parte de los que la celebramos.
Todo nuestro calendario, por si alguien no lo sabe, viene marcado precisamente por este día. El año del nacimiento de Cristo (si bien parece que en realidad hay un desfase de unos seis años) marca el inicio de nuestra era, y ya van 2007 desde que el Mundo cambió para siempre. Por tanto, es una fiesta profunda e intrínsecamente cristiana, sin ambigüedades. Olvidar este sentido lleva, como de hecho pasa, a que para algunos, estos días estén cargados de tristeza o se denuncie la existencia de una falsedad vergonzante. Y así sería si únicamente por costumbre o "por obligación" hubiera que estar contentos y alegres con los demás, sin motivo consistente. Efectivamente, así sería al olvidar el origen de lo que somos y el porqué de lo que hacemos. Esto ocurre con la Navidad, y con tantas otras cosas. Por ejemplo, la omisión imperdonable en el Tratado por el que se aprueba la Constitución Europea de las raíces cristianas de Europa es un botón de muestra.
Pero es que la cosa no se queda ahí. En nuestro entorno cultural más amplio, en todo "occidente", ya no son pocas las ocasiones en que la Navidad es, directamente, atacada. Ejemplos los tenemos en abundancia: En España, el colegio que no celebra la Navidad por "respeto" (sic) a los alumnos de otras creencias, la felicitación de las "fiestas" hecha por el partido Izquierda Unida, mofándose de los cristianos, la profesora que tiró el Belén hecho por un alumno debido a la "confesionalidad" (sic) de lo que representaba, etc. Y muy poco hacemos los cristianos, al menos los de España.
En Estados Unidos, la Catholic League (la Liga Católica por los Derechos Civiles y Religiosos) publicó hace unas semanas, en el New York Times una carta de defensa de la Navidad, con unos argumentos más que sólidos y profundamente democráticos, mucho más que aquellos que esgrimen presuntos defensores de la "laicidad". Allí los ataques a la Navidad no se quedan en algún belén tirado a la basura, sino que van mucho más allá. Incluso en la conservadorísima "Fox" he podido ver más "Happy Holidays" o "Happy Hannukah" que "Merry Christmas". Espero que sólo haya sido casualidad en las veces que la he puesto, y no son pocas. Por todo ello la carta.
En ella, después de señalar que el 85% de los estadounidenses se declaran cristianos y que para el 97% la celebración navideña no supone ofensa alguna, la carta pone de manifiesto que entre los detractores casi no se encuentran fieles de religión o grupo religioso alguno, sino que suelen ser ateos, agnósticos o simplemente escépticos. Primer punto interesante.
Pero el final es más interesante aún. Después de decir que la "diversidad significa respeto a la tradición y la herencia de todos los grupos y no sólo de aquellos selectivamente escogidos por gurús multiculturales", en su penúltimo párrafo concluye:
"Estar excluido es normal. "El día de la Madre", "Día del Padre", "Día de los Veteranos", "Mes de la Historia Negra", "Marcha del Orgullo Gay" - Todos ellos excluyen a alguien" (...). ¿Deberían todas estas fiestas y eventos ser prohibidos, sólo porque alguien se sienta excluido?" La respuesta es obvia, y el mensaje de la carta claro, dejando en evidencia a quienes con argumentos mezquinos se empeñan en denostar una Fiesta tan grande como lo es el Nacimiento de Dios hecho hombre:
Celebra la diversidad: celebra la Navidad!
¡¡FELIZ NAVIDAD A TODOS!! BON NADAL A TOTS!, MERRY CHRISTMAS!! JOYEUX NOËL!!
30/12/2006
¡NUNCA MÁS! ESPERO QUE LA LECCIÓN ESTÉ APRENDIDA POR TODOS.
Antes de nada, tengo que decir que este artículo está escrito en caliente. Y lo he de decir previamente a pesar de no ser yo una persona que diga cosas en caliente de las que luego se arrepienta por no corresponder a su verdadero pensamiento. Al contrario, lo que diga así o en frío no suele variar en lo sustancial. Además, puede que más de uno piense que lo que sigue es muy fácil decirlo ahora, después del repugnante (como todos) atentado de ETA en Barajas, Madrid, esta mañana.
Los españoles estamos perplejos ante la actitud del gobierno de nuestro país, en especial de nuestro Presidente, en todo lo referente al llamado proceso de "paz" (como si hubiera una guerra con dos "bandos"). Y más después de que esta misma semana Zapatero asegurara que el año que viene sería todavía mejor que éste en cuanto al avance hacia la desaparición del terrorismo etarra. Los hechos, una vez más, son tozudos. Lo venían siendo desde hace mucho, con la compra de armas en Francia, o el zulo en Amorebieta, pero siempre quedaba la esperanza (si bien ingenua) de que se tratara de movimientos estratégicos sin voluntad real de atentar sino de presionar al gobierno en la "negociación".
Pues bien, llegados a este punto, voy a expresar las reservas que siempre tuve respecto de este "proceso".
En primer lugar, decir que siempre he sido partidario del diálogo, pero al mismo tiempo me he opuesto a dejar esta bella palabra vacía de contenido. Porque, en este caso, el "diálogo" viene limitado per se por una serie de premisas en cuanto al contenido. El desconocimiento de estas premisas hace vacío el diálogo y lo pervierte. Así, dotada España de un sistema político basado en el principio democrático, la política y el proceso de elaboración de la mayor parte de las leyes han de tener una dimensión pública que haga que el debate sea transparente. Asimismo, para que tal proceso culmine en la plasmación jurídico-positiva del iter negociador, los representantes del pueblo, reunidos en el Parlamento votan la norma jurídica siguiendo tanto el cauce procedimental establecido como el respeto material al orden jerárquico de las normas, cuyo marco general es la Constitución. Dicho esto, queda claro que fuera del debate parlamentario, ya sea plenario o en comisión especializada, el "diálogo" o "negociación" de las Instituciones del Estado con la banda terrorista no pudo ni puede, salvo violación grave del funcionamiento democrático, versar sobre temas tales como el supuesto "derecho de autodeterminación", la modificación de la estructura territorial y administrativa de España en cuanto a Navarra y mucho menos la pretendida equiparación de las víctimas del terrorismo con los muertos o heridos pertenecientes a ETA o su entorno, como más de una vez han defendido portavoces de Batasuna y en general del mundo abertzale. Sólo de pensarlo me entran escalofríos.
Sabiendo todo esto el gobierno de España (tanto el del PSOE como anteriormente el del PP) y sabiendo igualmente que ningún cese de la actividad terrorista, salvo su total derrota policial y judicial, va a producirse sin la concesión, contra la voluntad de los españoles y de su propia tradición histórica, del derecho de autodeterminación, no se entiende que todavía un Presidente, sea del signo que sea, diga que el "proceso" va bien. A no ser varias cosas: o que el propio Presidente traicione a España (concediendo de espaldas al Parlamento tal supuesto derecho) o bien que parezca que ETA renuncia a la violencia, en tal caso, bastaría con una declaración de condena del terrorismo, sin necesidad de negociación alguna, salvo que trate específicamente sobre cuestiones como el acercamiento de presos, siempre y cuando, claro está, haya garantías de que el cese y disolución de la banda es definitivo e irrevocable. En este supuesto el plazo sería muy breve y no exigiría tanto tiempo como parecía que iba a durar la presente tregua.
En definitiva, creo que deberíamos encontramos ante el último intento de un gobierno de España de rebajarse a tratar una cuestión como el terrorismo con la frialdad con que lo ha hecho el actual, rebajando a España a categoría de idea política para sentarse en una mesa junto a unos señores cuyo único objetivo es precisamente su destrucción, y no precisamente mediante la decisión libre de los españoles, sino mediante el asesinato y el terror. Ahora sí pegaría bien aquello de "Nunca Mais". Nunca más el ridículo de España, el engaño a los ciudadanos haciéndoles creer lo imposible, y nunca más contemporizar con los asesinos. Creo que la lección ha de estar bien aprendida.



