Se muestran los artículos pertenecientes a Abril de 2006.

02/04/2006

Alegría y perdón en Juan Pablo II

20060402135324-un-papa-que-rie.jpg

El mundo entero recuerda hoy la figura de uno de los hombres más grandes de la historia y, sin duda, una de las claves del siglo XX. Hace exactamente un año, una larga espera llegaba a su término para que la humanidad despidiera a Juan Pablo II, el Papa Grande.

Su vida fue toda una escuela de Amor a Dios y entrega fiel. Desde el punto de vista humano, sus días son dignos de novelarse: un chico que muy pronto sufrió la ausencia de la madre, un accidente que le dejó en coma varios días, un polaco que padeció la opresión de su patria, un trabajador incansable, un católico en la clandestinidad, deportista, amante de las artes, sacerdote, filósofo y cabeza de la cristiandad.

 

Hace un año reflexionábamos admirados sobre cómo sus últimos días fueron toda una representación de la Pasión de Cristo, y nos daba una lección ejemplar de cómo los cristianos hemos de amar la Cruz, en virtud del Amor a Cristo y en remisión de todos los pecados. Siempre que he escrito algo sobre Juan Pablo II me viene la misma tentación de querer abordarlo todo. Admitámoslo: es imposible, en una líneas como las presentes.

Biográficamente, hace doce meses ya tuve oportunidad de publicar una reseña de su vida para unas cuantas páginas web. Hoy intentaré resaltar los aspectos de su persona que después de este tiempo nos han quedado. Y sé que será a riesgo de omitir rasgos fundamentales de su historia. 

Desde mi punto de vista personal, confesaré que fue un verdadero aliento espiritual. No era posible no conmoverse ante tanta entrega vislumbrada a través de los medios de comunicación o in situ, como tuve varias veces la suerte de verlo. Y esa conmoción sólo tenía un fin al que compelía: Cristo, con la mediación de María. Así, estoy seguro que el Espíritu Santo se sirvió de él para llegar a muchas almas. El Papa que fue maestro del perdón y el arrepentimiento movía precisamente a arrepentirse y admitir la culpa, como primer paso a una vida de santidad y de profundísima alegría y felicidad. 

 

Arrepentimiento...

Y hete aquí la primera de dos reflexiones: hoy en día es muy común escuchar eso de que “yo no me arrepiento de nada en esta vida”. Sin duda, es una de las consecuencias de lo que decía Pío XII cuando afirmaba que el gran error del siglo XX había sido el olvido del sentido del pecado. En consonancia con lo que el nuevo Papa Benedicto XVI ha apuntado como uno de los grandes desafíos de la nueva era: el relativismo. Por el contrario a esta mentalidad, Juan Pablo II llegó a pedir perdón y a llamar al arrepentimiento de nada más y nada menos que los pecados cometidos por los hijos de la Iglesia en la defensa de la Verdad, cuando se han utilizado métodos poco respetuosos con la Dignidad Humana. Y es que aunque la Iglesia es Madre Santa, sus hijos a menudo no nos comportamos como es debido, diciéndonos “sí” a nosotros mismos, y “no” a Dios. Pero para ir a Dios, Jesús nos enseñó que hay que negarnos a nosotros mismos, por Él, y eso pasa por el arrepentimiento y la lucha humilde por ser santos. No buenos, sino santos, lo cual sólo es posible si cada vez más ponemos a Dios (que todo lo puede) en nuestra vida, y menos a nosotros (que sin Él nada podemos).

Paralelamente a esto, el Papa Juan Pablo II fue una persona verdaderamente alegre. Contrariamente a lo que nos llega a través de la cultura imperante, la aceptación por Cristo de la Cruz y del sufrimiento llevó al Papa y lleva a todo cristiano, a la mayor de las alegrías, la terrenal y la eterna. Y es que, ¿hay mayor alegría que saberte Hijo del Creador y que somos amados por un Amor que no tiene límites? Por eso, la alegría del cristiano es felicidad también en la tierra, a pesar de los pecados, si nos arrepentimos y acudimos a la Confesión con el sacerdote, que es Cristo.

... y Alegría:

A Juan Pablo II le vimos reír a carcajadas, bailar, jugar, bromear y sentirme más joven que cualquiera. Por eso tenía una conexión especial con la juventud. Sabía que en nosotros estaba el futuro de la humanidad. Sabía que un puñado de jóvenes santos haría que el mundo se girase como un calcetín. Que de donde hubiera odio surgiría Amor, donde hambre, hastío, donde tristeza, alegría y donde muerte, felicidad eterna. Y no es ninguna tontería: hace 2000 años, cuando a los cristianos no se les insultaba o ridiculizaba, como ahora, sino que se les asesinaba y perseguía, 12 hombres (y algún adolescente, como Juan) con muchos defectos pero con Amor y fe, cambiaron el mundo entero: el imperio romano primero se convirtió, y luego vino la construcción del occidente católico. La nueva civilización que surgiría, en especial en Europa, se construyó sobre la figura de Cristo y su Iglesia. Y por Cristo se evangelizaron nuevos mundos, donde la nueva luz del Evangelio hizo pasar épocas de culturas que degradaban al ser humano.

Tras un milenio de unidad, en el segundo vinieron las separaciones entre los cristianos, las guerras y los grandes desafíos a la fe como nunca antes las hubo. Pero Juan Pablo II, el Papa que nos enseñó a la luz de la Tradición las enseñanzas del Concilio Vaticano II, mantenía la esperanza de que el tercer milenio volvería a ser el de la reintegración y el de una “nueva primavera” espiritual para el mundo. Y la Iglesia con su autoridad, catolicidad, santidad y vocación misionera había de ser la luz que guíe de nuevo a la Sociedad hacia la alegría, el Amor, la Verdad y con ella, la Libertad.

Pero para ello, nosotros, los hijos de la Iglesia, los cristianos “de a pie”, hemos de reencontrarnos con Jesús, puesto que en nuestro día a día en la universidad, colegio, en casa, el trabajo, con la familia y los amigos es como se materializa la vida de la Iglesia y la misión salvadora que Jesús quiere, cuya realización se concreta en cómo vivamos cada circunstancia de la vida cotidiana. Y ahí será como los demás vean en qué consiste la vida de la Iglesia.

Por eso, un año después, del ejemplo de Juan Pablo II, y por sistematizar, extraigo para provecho propio las dos enseñanzas de vida que hoy contemplo: el arrepentimiento como primer paso hacia la conversión a Dios; y la Alegría, como fruto de una entrega sincera y personal a la voluntad de Dios. Dos aspectos: el arrepentimiento y la alegría, ambos con origen en el Amor a Dios, que necesariamente se irradian en nuestro alrededor, inundando nuestros ambientes de paz y felicidad, como Juan Pablo II lo hiciera, primero en su entorno y luego ante toda la humanidad.

 

02/04/2006 13:41 Autor: Jorge. Enlace permanente. Tema: Iglesia Hay 1 comentario.

07/04/2006

¿El evangelio de Judas?

20060407164033-papiro.jpg

Estos últimos días hemos estado viendo por los medios de comunicación la publicación de un supuesto “Evangelio de Judas”. La noticia no tendría más importancia si no fuera por la idea que se ha querido transmitir de que, en realidad, Judas habría actuado bajo el mandato de Jesús para ser traicionado, y así cumplir con la salvación de la humanidad mediante la crucifixión de Jesucristo.
 
No es el primero de estos documentos que, sobretodo últimamente, han salido a la luz, y siempre se ha pretendido que fueran un factor de desestabilización de los cimientos de todo lo que a lo largo de los siglos nos ha transmitido la Iglesia. Uno a uno, siempre se ha demostrado su falsedad o su no contradicción con las enseñanzas del cristianismo. Y todo ello, bajo el auspicio de la moda lanzada por el Código Da Vinci de remontarse a la historia de Jesucristo para “demostrar” el engaño de la religión tradicional, y en especial de la “poderosa” Iglesia Católica. 

Antes de entrar a fondo con el documento atribuido a Judas, sí me gustaría realizar una serie de reflexiones acerca de este fenómeno:
 
-         Es cuanto menos curioso cómo los ataques a la Fe han pasado de la negación de la posibilidad del conocimiento de la Verdad, pasando por el “Dios ha muerto” de Nietzsche, el cientificismo y el racionalismo a otra etapa en que, una vez fracasadas estas corrientes se pretende “utilizar” figuras como la de Jesús, no cuestionando la validez de su existencia (que ya nadie medianamente documentado se atreve a negar) pero dándoles un nuevo “toque” modernista, incluso haciéndolo abanderado de ideas totalmente contrarias a la Ley natural y a lo que Él mismo enseñó. Ese el trasfondo de, entre otros, el Código Da Vinci.
-         Después, muchos y no precisamente cristianos, han visto claramente que bajo la aparición de estos documentos, historias, “revelaciones”, etc.. no hay más que el aprovechamiento de un filón de negocio que para nada es producto del azar. Habría que ser muy ingenuo para no darse cuenta de que no es casualidad que el “Evangelio de Judas”, que transforma al villano en héroe, “The Jesus Papers” o el próximo estreno de “El Código Da Vinci”, que invierte la idea que hasta ahora teníamos de Jesucristo, aparezcan en fechas más o menos cercanas, con sospechosas filtraciones por la red y más cuando nos acercamos a la Semana Santa.
 
Pero lo más inquietante de todo esto es la aceptación de estas modas de un modo tan acrítico por parte del público en general. La educación laicista, la idea de construcción de una sociedad civil al margen de toda “ingerencia” religiosa y menos católica, junto a otros factores, ha creado unas graves carencias formativas que nos dejan indefensos ante cualquier nueva idea o teoría que alguien quisiera propagar. Cuando se quiso crear una sociedad “librepensadora” se ha conseguido la construcción de una sociedad asombrosamente crédula.
 
Con respecto a “El evangelio de Judas”, se continúa con la corriente de la teoría de la conspiración por la que la Iglesia sería la responsable de una manipulación de la figura de Jesús, utilizándolo como arma de poder. Se trata de un manuscrito de unas 26 páginas, escrito en copto, hallado en Egipto en 1978 y que “National Geographic” tiene previsto publicar en varios idiomas a finales de este mes, con emisión de un documental incluido (el Domingo de Ramos). 
 
Los científicos que llevan años estudiándolo afirman que se trata de un texto del siglo IV o V, copia a su vez de otro documento de finales del siglo II redactado por la secta gnóstica de los Cainitas y que San Ireneo ataca en su obra “contra las herejías”, en torno al año 180. 
Pinchando aquí encontraréis el texto en inglés donde San Ireneo habla de este supuesto evangelio, indicando las ideas que subyacen en él. 
 
La traducción en castellano de ese párrafo sería el siguiente:
 
31,1. Otros dicen que Caín nació de una Potestad superior, y se profesan hermanos de Esaú, Coré, los sodomitas y todos sus semejantes. Por eso el Hacedor los atacó, pero a ninguno de ellos pudo hacerles mal. Pues la Sabiduría tomaba para sí misma lo que de ellos había nacido de ella. Y dicen que Judas el traidor fue el único que conoció todas estas cosas exactamente, porque sólo él entre todos conoció la verdad para llevar a cabo el misterio de la traición, por la cual quedaron destruidos todos los seres terrenos y celestiales. Para ello muestran un libro de su invención, que llaman el Evangelio de Judas.
 
Por tanto, en absoluto estamos ante un nuevo descubrimiento y, como dice el padre Thomas Williams en zenit.org, no representa sacudida alguna a los cimientos de la Iglesia, pues de todos es sabido que existen copias de evangelios gnósticos y que pueden ser adquiridos en cualquier librería cristiana, sabiendo que no son cristianos. Este hecho desmiente de raíz la idea de una Iglesia “ocultista”, en medio de tramas que pretendan eliminar supuestas pruebas contradictorias con la Fe, tal y como Dan Brown lanzó infundadamente como teoría. En realidad, el peligro no viene del documento en sí, sino de la desinformación existente.
 
El gnosticismo, surgido hacia el siglo II, erigió sistemas de pensamiento en los se que unían doctrinas judías o paganas con la revelación y los dogmas cristianos. Creían que eran poseedores de un conocimiento superior que sólo les era dado a una minoría selecta y que por medio de él se salvaban, junto a una serie de prácticas ocultas. Hoy en día, el gnosticismo ha vuelto a tomar cuerpo a través de las corrientes del New Age. De hecho, Juan Pablo II afirmó que “El New Age es una nueva forma de practicar la “gnosis”, postura de espíritu que tergiversa la Palabra de Dios.” 

Posiblemente, sea mejor dejar el tema del New Age para tratarlo por separado otro día.  Hoy, baste simplemente concluir con una serie de comentarios finales acerca de “El Evangelio de Judas”: es imposible que fuera en realidad del mismo Judas, el “apóstol traidor”, ya que según todos los estudios, el manuscrito hallado es copia de otro texto fechado en el siglo II dC, e incluso San Ireneo conocía de su existencia y de su falsedad, como invención de unas sectas que él mismo conocía de cerca, por ser coetáneo de ellas. 
 

Por último, tanto si somos cristianos como si no, hemos de ser conscientes de las carencias formativas que, en este terreno empezamos a experimentar las nuevas generaciones, y es un proceso que llevamos décadas padeciendo pero que ahora empieza a hacer estragos, con la proliferación de este tipo de historias nada inocentes, pero a todas luces falsas. Y como consecuencia, hemos de hacer esfuerzos por combatir la ignorancia propia y ajena, y la mala fe de quienes pretenden dinamitar la base de nuestra Fe y nuestra sociedad con especulaciones sin fundamento que llegan a cuestionar el fundamento antropológico de la persona humana como ser creado y sujeto a unas leyes morales inherentes a su naturaleza.

07/04/2006 16:40 Autor: Jorge. Enlace permanente. Tema: Iglesia Hay 3 comentarios.

19/04/2006

UN AÑO DE PAPADO

20060419161617-papa.jpgHoy justo hace un año, sobre las seis de la tarde, estábamos atentos a la fumata que iba a salir del Vaticano, esperando el anuncio de que teníamos un nuevo Papa. Nada menos que “el sucesor” de Juan Pablo II el Grande. Los medios de comunicación señalaban para esa hora la celebración de otra votación para la elección del Pontífice. La cuarta desde el comienzo del cónclave. Entonces, a las 17.50 empezó a salir un humo que no parecía negro, pero tampoco blanco. El día anterior, incluso, ya hubo quien anunció fumata blanca confundiendo el grisáceo que tomaba lo que salía de la chimenea vaticana. Sin duda, para la próxima habrá que mejorar el sistema para que salga más nítido el color. Pero esa vez no, en efecto, tras el gris ambiguo empezó a clarecerse más, hasta que el locutor del canal por donde lo estaba viendo sin duda aclamó “¡tenemos Papa!”. Minutos más tarde, desde el balcón principal del Vaticano se proclamaba: Annuntio vobis gaudium magnum; habemus Papam. (...) Cardinalem Ratzinger qui sibi nomen imposuit Benedictum XVI.
 

La Plaza de San Pedro estalló de alegría: el ¡Cardenal Ratzinger!, ¡Benedicto XVI! Las reacciones fueron de lo más variadas. Muchos periódicos parecían horrorizados ante el que llamaban “panzerkardinal”, o haciendo continuas alusiones a su papel como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, o lo que es lo mismo, la antigua Inquisición. Se llegaron a decir cosas como la de la portavoz de la Red de organizaciones feministas contra la violencia de género, Ángeles Álvarez, llegando a afirmar que “supondrá una "absoluta fragilidad" para los derechos humanos de las mujeres”. Los comentarios de la calle no eran muy esperanzadores.

 
Personalmente, la imagen que tenía del Cardenal Ratzinger era prácticamente la que nos vendieron muchos medios durante el Cónclave, y ya antes. Solamente me había leído unas semanas antes del Cónclave, la Instrucción sobre algunos aspectos de la "teología de la liberación” de 1984 “Libertatis Nuntius”. Me la leí después de escuchar numerosas críticas a la respuesta que en ella daba el Cardenal a la teología de la liberación, así que fui directamente a la fuente. El resultado no pudo ser más positivo. Me encantó por lo clara, concisa, justa, equilibrada y adecuada que era. Y me di cuenta, una vez más, de la manipulación mediática a la que nos encontramos sometidos, pero ésta me dolió en especial y me hizo reflexionar profundamente.
 

Aún así, su elección me sorprendió en gran medida. Estaba convencido de que el Espíritu Santo me iba a sorprender.. pero, ¿así?. No sé si mi reacción fue de decepción, lo cierto es que me quedé contrariado. Mi confianza en Dios hacía que supiese que su elección era justa, pero por otro lado, mi pobreza humana se dejaba llevar por criterios terrenales. Así que eché mano de lo que sabía que era lo correcto: rezar por el Papa. Eso, y acordarme del hecho de mi primera lectura suya, me llevó a empezar a leer sobre él y sobretodo a seguirle mucho más de cerca. Ya sus primeras palabras rompieron topicazos: un sencillo, humilde, trabajador en la viña del Señor: así se definió el primer día. Y el día 24, en la Misa de inicio solemne del Pontificado declaró:  Mi verdadero programa de gobierno es no hacer mi voluntad, no seguir mis propias ideas, sino ponerme, junto con toda la Iglesia, a la escucha de la palabra y de la voluntad del Señor y dejarme conducir por él, de tal modo que sea él mismo quien conduzca a la Iglesia en esta hora de nuestra historia.

 

Después me leí “Dios y el Mundo”, “La Sal de la Tierra” y  “verdad, valores, poder”. Y fui leyendo sus primeras homilías, su primera encíclica, declaraciones, las audiencias de los miércoles, otros escritos suyos anteriores, etc.. en resumen, creo que, una vez más, Dios nos ha puesto un regalo al frente de su Iglesia. Un regalo porque este hombre es extraordinario y mi convencimiento se asienta, después de este tiempo, en la certeza de que tener a Benedicto XVI como Papa es toda una bendición del Cielo. Y a un año de su elección, lo que nos queda es volver a dar gracias.

 

El Papa, por justificar un poco mi entusiasmo, es una persona que destila Amor a Dios y a su Iglesia. De ahí, del Amor, nace su preocupación por mantener pura la fe que Él nos dio para transmitir a toda la humanidad. Pero a su vez es un hombre increíblemente lúcido e inteligente, que sabe leer los acontecimientos actuales desde una perspectiva global y con la experiencia de la historia humana. Sabe ver más allá de lo inmediato, siendo consciente de las consecuencias a largo plazo de cosas que no se hacen como Dios quiere. Por eso mismo, siempre ha alertado del peligro de la dictadura del relativismo, o de las uniones homosexuales, pues es consciente de que sus consecuencias atentan nada menos que contra la propia esencia antropológica del ser humano y cercena el fundamento último de la sociedad: la familia.

 

De igual manera, es un Papa volcado con el ecumenismo, dando pasos importantísimos aunque discretos en este campo. Es la personificación del Concilio Vaticano II al unir perfectamente la fidelidad al “depósito de la fe”, manteniendo su pureza y esplendor con el diálogo sin temor con el Mundo, y con otras religiones, sobre cualquier tema de la vida o la fe.

 

En fin, es un Papa que dejará huella en la historia de la Iglesia, aunque no tenga el carisma de su estimado y Santo predecesor Juan Pablo II. Un Papa que, aun conviviendo con la sombra del Papa Grande, ya empieza a dejar la suya. En otra ocasión volveré sobre aspectos concretos de sus pasos en este año de pontificado: gestos ecuménicos, su Encíclica, o las alertas sobre el cuidado en la Liturgia o el trato a Cristo presente en la Eucaristía, por no hablar de su cercanía a las preocupaciones del mundo en relación a las guerras, los desastres naturales, la pobreza y toda injusticia social.

 

Mientras, recordemos aquella jaculatoria tan bonita para recordar: “omnes cum Petro, ad Iesus per Mariam” que, todos, junto al Papa como cabeza de la Iglesia y sucesor de la Cabeza de los Apóstoles, vayamos hacia Jesús, siempre por mediación de Santa María, madre de toda la Iglesia.

 

¡Que Dios nos conserve al Papa, lo llene de vida y lo haga feliz en la tierra!

 
19/04/2006 16:16 Autor: Jorge. Enlace permanente. Tema: Iglesia No hay comentarios. Comentar.


Blog creado con Blogia. Derechos de autor con . Estadísticas. Suscribir RSS. Admin.
Blogia apoya: Fundación Josep Carreras, y Evento Blog España. Vota en los Premios Bitacoras.com [Blog Oficial en LaInformacion.com]