¡NUNCA MÁS! ESPERO QUE LA LECCIÓN ESTÉ APRENDIDA POR TODOS.
Antes de nada, tengo que decir que este artículo está escrito en caliente. Y lo he de decir previamente a pesar de no ser yo una persona que diga cosas en caliente de las que luego se arrepienta por no corresponder a su verdadero pensamiento. Al contrario, lo que diga así o en frío no suele variar en lo sustancial. Además, puede que más de uno piense que lo que sigue es muy fácil decirlo ahora, después del repugnante (como todos) atentado de ETA en Barajas, Madrid, esta mañana.
Los españoles estamos perplejos ante la actitud del gobierno de nuestro país, en especial de nuestro Presidente, en todo lo referente al llamado proceso de "paz" (como si hubiera una guerra con dos "bandos"). Y más después de que esta misma semana Zapatero asegurara que el año que viene sería todavía mejor que éste en cuanto al avance hacia la desaparición del terrorismo etarra. Los hechos, una vez más, son tozudos. Lo venían siendo desde hace mucho, con la compra de armas en Francia, o el zulo en Amorebieta, pero siempre quedaba la esperanza (si bien ingenua) de que se tratara de movimientos estratégicos sin voluntad real de atentar sino de presionar al gobierno en la "negociación".
Pues bien, llegados a este punto, voy a expresar las reservas que siempre tuve respecto de este "proceso".
En primer lugar, decir que siempre he sido partidario del diálogo, pero al mismo tiempo me he opuesto a dejar esta bella palabra vacía de contenido. Porque, en este caso, el "diálogo" viene limitado per se por una serie de premisas en cuanto al contenido. El desconocimiento de estas premisas hace vacío el diálogo y lo pervierte. Así, dotada España de un sistema político basado en el principio democrático, la política y el proceso de elaboración de la mayor parte de las leyes han de tener una dimensión pública que haga que el debate sea transparente. Asimismo, para que tal proceso culmine en la plasmación jurídico-positiva del iter negociador, los representantes del pueblo, reunidos en el Parlamento votan la norma jurídica siguiendo tanto el cauce procedimental establecido como el respeto material al orden jerárquico de las normas, cuyo marco general es la Constitución. Dicho esto, queda claro que fuera del debate parlamentario, ya sea plenario o en comisión especializada, el "diálogo" o "negociación" de las Instituciones del Estado con la banda terrorista no pudo ni puede, salvo violación grave del funcionamiento democrático, versar sobre temas tales como el supuesto "derecho de autodeterminación", la modificación de la estructura territorial y administrativa de España en cuanto a Navarra y mucho menos la pretendida equiparación de las víctimas del terrorismo con los muertos o heridos pertenecientes a ETA o su entorno, como más de una vez han defendido portavoces de Batasuna y en general del mundo abertzale. Sólo de pensarlo me entran escalofríos.
Sabiendo todo esto el gobierno de España (tanto el del PSOE como anteriormente el del PP) y sabiendo igualmente que ningún cese de la actividad terrorista, salvo su total derrota policial y judicial, va a producirse sin la concesión, contra la voluntad de los españoles y de su propia tradición histórica, del derecho de autodeterminación, no se entiende que todavía un Presidente, sea del signo que sea, diga que el "proceso" va bien. A no ser varias cosas: o que el propio Presidente traicione a España (concediendo de espaldas al Parlamento tal supuesto derecho) o bien que parezca que ETA renuncia a la violencia, en tal caso, bastaría con una declaración de condena del terrorismo, sin necesidad de negociación alguna, salvo que trate específicamente sobre cuestiones como el acercamiento de presos, siempre y cuando, claro está, haya garantías de que el cese y disolución de la banda es definitivo e irrevocable. En este supuesto el plazo sería muy breve y no exigiría tanto tiempo como parecía que iba a durar la presente tregua.
En definitiva, creo que deberíamos encontramos ante el último intento de un gobierno de España de rebajarse a tratar una cuestión como el terrorismo con la frialdad con que lo ha hecho el actual, rebajando a España a categoría de idea política para sentarse en una mesa junto a unos señores cuyo único objetivo es precisamente su destrucción, y no precisamente mediante la decisión libre de los españoles, sino mediante el asesinato y el terror. Ahora sí pegaría bien aquello de "Nunca Mais". Nunca más el ridículo de España, el engaño a los ciudadanos haciéndoles creer lo imposible, y nunca más contemporizar con los asesinos. Creo que la lección ha de estar bien aprendida.


