El sentido de la existencia

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Hace un par de días me acabé este libro: “El hombre en busca de sentido”, del psiquiatra vienés Víktor E. Frankl. El profesor Frankl vivió en primera persona los horrores del nazismo, y sufrió en sus propias carnes la barbarie de los campos de concentración. El libro intenta narrar, sintéticamente, las experiencias de los presos, sus emociones, sus angustias, sus desesperanzas. Y todo, desde el punto de vista de la corriente que él mismo creó: la logoterapia.

 

No es un libro para expertos. Antes bien, sus páginas atrapan a cualquiera desde el principio, y le sumergen a uno en el profundo mar de las reflexiones que el profesor va realizando a partir de las estremecedoras vivencias del campo de concentración. Si he de ser sincero, el hecho en sí de lo que ocurrió, la descripción de las penurias que aquellos hombres tuvieron que soportar bajo el yugo nazi no es lo que más me ha llamado la atención del libro. Lamentablemente, ya estamos muy acostumbrados a verlo en las películas o leerlo en los libros. En efecto, hace falta un esfuerzo de empatía y es entonces cuando el saberse solo, en una “existencia desnuda”, habiéndolo perdido todo, aplastado física y psicológicamente, uno entiende que sin un sentido, la desesperación es el último sentimiento antes de la muerte. O quizá su causa, como apunta Víktor E. Frakl.

 

 Todo lo que se aprende con esta sensacional obra da para muchísimas reflexiones. Ideas que dan para tratados enteros Frankl las sintetiza en una frase al final de un párrafo o capítulo. Creo que en casi ningún libro como éste he tenido que realizar tantos apuntes, subrayados, o que dejar de leer para profundizar debidamente sobre lo último que dice. Y cuando pensé en hacer una reseña para el blog me di cuenta de la dificultad que encontraría para sintetizar, pues como digo cada idea serviría para libros enteros. Aún así, lo excepcional que me ha parecido merece algunas palabras. Seguramente no sea éste el primer día en que hable del libro, por las razones expuestas. Hoy, quizá baste con transmitir una idea básica que el doctor descubre con su tesis: “No existe ninguna situación en la vida que carezca de auténtico sentido”. Por eso, su terapia consiste no tanto en “buscar” un sentido a la vida como en “encontrar” ese sentido. Y lo dice una persona que no sólo padeció los horrores del holocausto sino que perdió lo que más quería: su mujer. 

 Y muy ligado a esta idea clave está el hecho de que constatemos que en el mundo existe sufrimiento. Y la felicidad pasa por aceptar como propio de la vida ese sufrimiento “porque lo que más importa de todo es la actitud que tomemos ante el sufrimiento”. Además, y continúo citándole, “el sufrimiento deja de ser en cierto modo sufrimiento en el momento en que encuentra un sentido, como el sacrificio”. 

Otra de sus conclusiones es que, aun en esas condiciones de “existencia desnuda” (reflexionemos sobre ello: no tener nada de nada, y encima ser vejado, aplastado, anulado como persona) lo que nunca se le puede arrebatar a la persona es su libertad. Su libertad más profunda: la interior. De tal manera que “no se trata de liberarse de las condiciones, hablamos de la libertad de tomar una postura ante esas condiciones” puesto que “el hombre no está totalmente condicionado y determinado; él es quien determina si ha de entregarse a las situaciones o hacer frente a ellas. (...) El hombre se autodetermina a sí mismo” 

Creo que conviene personalizarlo a nuestra vida. ¡Cuántos momentos lamentándonos ante tal problema o aquél otro! Cuando lo que se nos presentaba era la oportunidad de crecer, de perfeccionarnos humanamente. Todos hemos pasado por ahí. Para algunos, el peor problema de su existencia ha podido ser aquel suspenso injusto, aquella ruptura amorosa. Para otros, la muerte de un ser querido, la falta de recursos, la enfermedad, la soledad, o una familia destruida. No cabe subestimar sufrimiento alguno ni realizar comparaciones entre lo que uno ha pasado o lo que el otro ha padecido, porque el sufrimiento es casi totalmente subjetivo, y permite que se sufra muchísimo por lo que para otros no sería más que un mero traspiés. Pero para todos, la respuesta es la misma. 

 La vida sin eso no es vida, y la vida tiene sentido, ergo cualquier circunstancia, por dolorosa que sea, tiene sentido, y se lo podemos dar, porque el hombre siempre conserva intacta su libertad, al mismo tiempo que constatamos que el hombre es “responsable” ante la vida y sus circunstancias. En efecto, como dice Frankl, si en la costa Este de Estados Unidos se erigió la estatua de la Libertad, en la Oeste se habría de erigir la de la Responsabilidad, porque son inseparables. Porque somos responsables ante nuestra existencia, debemos actuar con libertad, para encontrar su sentido a la vida.  

Y acabo con una cita suya del libro: “La verdadera meta de la existencia humana no puede hallarse en lo que se denomina autorrealización. Ésta no puede ser meta en sí misma por la simple razón de que cuanto más se esfuerce el hombre por conseguirla más se le escapa, pues sólo en la misma medida en que el hombre se compromete al cumplimiento del sentido de su vida, en esa medida se autorrealiza.” Creo que esto puede ayudar a mucha gente, o al menos puede servir para que ayudemos a quien lo necesita. 

Por cierto, ni que decir tiene que, mucho más que mi escrito, lo que recomiendo es, encarecidamente, que se lean el libro.

Jueves, 08 de Junio de 2006 12:29

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Autor: Nancy

muy buena reseña de hecho acabo de leer el libro y lo describes perfectamente y tienes muy buenos comentarios que se identifican con el libro es muy cruel pero a la misma ves te hace refe lexionar mucho!!

Fecha: 13/03/2008 05:28.


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