Aborto y depresión (II)

Con este artículo, Zenit cierra la serie de dos artículos sobre las a menudo desconocidas consecuencias del aborto sobre la salud de la madre. En concreto, este segundo artículo intenta dar muestra de algunas manifestaciones de depresión en las mujeres sometidas a un aborto. Siento no elaborar un resumen explicativo de las líneas generales que se muestran en los artículos, si bien cabría destacar alguna de las consecuencias que de los datos mostrados se desprenden: en un momento dado, se dice que "El alto índice de suicidios a consecuencia del aborto refuta claramente el mito de que poner término a un embarazo es más seguro que dar a luz". No creo que hagan falta más comentarios.

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Sí me gustaría que se nos quedara en la mente y en la conciencia, no un mensaje negativo en cuanto que lamentamos la existencia de esta lacra social en nuestras legislaciones, sino que muchas conclusiones pueden ser extraídas y por lo tanto nos ha de servir para aprender.

En definitiva, lo que una vez más se nos pone en evidencia es que por muy laxa, o incluso errónea, que sea la conciencia de quien permita o participe en este tipo de agresiones contra la ley natural, siempre queda un reducto íntimo en la conciencia que de alguna manera se manifiesta. Además, gracias a la fe, los cristianos sabemos que por la intrínseca unión existente entre nuestra alma y nuestro cuerpo, todo mal moral (el pecado) introduce un grave desequilibrio en la naturaleza humana, de tal modo que salud moral y salud física se afectan mútuamente. De igual manera, una vida virtuosa y ayudada con la gracia perfecciona a la persona en todo su ser, tanto físico como moral, y tiene sus directas consecuencias en favor de toda la Iglesia y la humanidad, a través de la llamada "Comunión de los Santos". Por ella, cada uno nos hacemos responsables, no sólo de nosotros mismos sino de la sociedad en su conjunto, lo que nos ha de llevar a asumir un compromiso libre y responsable de fe, de una vida digna del Hombre y de la Mujer (con mayúsculas), como Hijos de Dios que somos. Ese compromiso comienza con una vida de íntima unión personal con Dios, el cual sabemos que es Amor; y con el Amor, nos llega la felicidad infinita que todos, creyentes o no, buscamos de modo instintivo. ¿No es esto ya un motivo definitivo de cambio, de esperanza, paz y alegría?

Lunes, 13 de Marzo de 2006 23:48

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